domingo, 15 de marzo de 2009

Episodio 14: Como decíamos ayer...

Buenas noches, mi numerosíiiiiiisimo grupo de lectores:

El fin de semana ha sido de lo más entretenido, por lo que no he tenido demasiado tiempo para dedicar a este noticiario. Así que, como hacen los grandes escritores, me autoplagio y aquí os pego algo que escribí hace mucho, pero que, por desgracia, parece seguir vigente. El finde que viene me voy de viaje, así que intentaré dejaros alguna nota de amor durante la semana. Que disfrutéis.
Malo mola
Hace poco leí en una entrevista al actor Daniel Brühl que le encantaría que le ofrecieran papeles de malo, pero que aún no lo había conseguido. En otras ocasiones otros actores han manifestado lo interesantes que les resultan los papeles de villano, porque suelen ser papeles mucho más complejos y multifacéticos que los del héroe, que tiende a ser plano, "blandorro" o cursi. Definitivamente, el ser humano se siente más a menudo de lo que parece tentado por el "lado oscuro", tan de moda estos días. Habitualmente en nuestros días se representa el infierno como un lugar lleno de gente pecando, entregándose a la lujuría, gula, desenfreno y todo aquello que la Iglesia considera pecado y nosotros placer. Mientras tanto, el cielo se representa como un aburrido lugar lleno de nubes y angelitos tocando la lira.

Desde luego, soy la persona menos indicada para juzgar a los demás, pero creo que esta tendencia sólo es posible si no pensamos en el verdadero significado de la maldad, que no es otro que sentir regocijo haciendo sufrir a los demás o contemplando su sufrimiento, y que esta idea se toma hoy en día con demasiada frivolidad. Ser "malo" puede parecer realmente apasionante, sobre todo pensando que el que hace daño a un semejante está ejerciendo un dominio sobre él, y el poder es un vicio para el ser humano. Una adicción, más que un vicio. Pero el sufrimiento, provocado o contemplado, no tiene nada de digno. Es muy fácil destrozar una vida, física o moralmente. Es mucho más difícil reconstruirla.

Seguramente habréis oído alguna vez la frase "es tan bueno que es tonto" (sé que utilizo demasiadas frases hechas, pero no soy lo suficientemente hábil para hacer famosas las mías), y la verdad es que más de una vez al realizar una buena obra podemos llegar a sentirnos así, sobre todo a los ojos de los demás, puesto que muchas manifestaciones de bondad consisten en poner a los demás por delante de nosotros a la hora de recibir el bien, ya sea material o no. El deseo de acaparar y ser el primero son muy fuertes. Sin embargo, creo que tras realizar una buena acción por el prójimo, uno siente algo de paz interior, y ese me parece un premio nada despreciable. Por contra, saberse malvado parece llevar consigo algo de soledad, desesperación e incluso miedo. Naturalmente, hay muy pocas personas que sean totalmente buenas o malas. La mayoría nos movemos en un término medio, puesto que no somos otra cosa que animales, aunque algo más inteligentes que la media, y la mayoría de nuestras acciones están dominadas por instintos e impulsos puntuales. Tildar con rapidez a una persona de santo o demonio resulta una temeridad, aunque a la hora de hacerlo pesan los hechos más "grandes", es decir, con mayores consecuencias, que dicha persona haya cometido a lo largo de su existencia.

Por desgracia, el hecho de que uno se ponga del lado de los buenos no le garantiza el éxito en la vida ni el beneplácito del resto del mundo, sobre todo porque la maldad, sobre todo si es de "baja intensidad" tiene mejor publicidad, e incluso reviste un halo de importancia mayor que la bondad. Y si no, mirad qué tipo de noticias dominan los telediarios...

Cuando soy buena, soy muy buena. Cuando soy mala, soy mejor.
Mae West.

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