jueves, 7 de julio de 2011

Episodio 97: Menudo país

Hola, tele-evidentes:
Estoy más que harto de pasarme la vida quejándome de esta sociedad ultrasaturada de todo de la que formo parte, y, para que no se diga, en lugar de seguir doliéndome sobre la corrupción y demás taras político-prensiles, me he decidido a proponer soluciones. En primer lugar, omito un capítulo que tenía medio preparado sobre más cabreos varios, aunque sospecho que acabará emitiéndose cuando no se me ocurra otra cosa. Pero de momento inicio aquí una trilogía de episodios en los que iré explicando los que para mí son tres requisitos fundamentales de una sociedad sana, que no perfecta, ya que eso no existe. Dichos requisitos son el humor, la normalidad y la ceguera, y cada uno tendrá su correspondiente tratamiento en su tiempo y lugar. O sea, cuando se me ocurra cómo explicar este embolado mental de manera mínimamente inteligente e inteligible.

Empiezo con el humor, del que ya hablé en el episodio 47, por empezar con alguno, que no tienen orden necesario, y empiezo por ahí porque estos últimos días, gracias a la TDT (no se lo digáis a nadie) tengo un cierto regustillo agradable en la boca gracias a la emisión de episodios nunca vistos (por mí) del programa de la ETB "Vaya semanita" en La 7. La capacidad de hacer humor sin dejar títere con cabeza y al mismo tiempo sin una clara vocación de agresión formal o conceptual me da muchísima envidia y creo que sería un ejercicio sano a aplicar por parte de los sectores más cabreados del país.

La crítica muy mordaz y socarrona de "Vaya semanita" recuerda bien a algún otro programa que ha tenido la misma intención de reírse de todo y de todos sin servilismos ni tabúes, pero con la suficiente delicadeza como para no liarla parda. Los guiñoles de Canal+ o incluso la primera etapa del Caiga quien caiga de Wyoming en Telecinco tenían ese mismo aura de cachondearse de todo lo que va mal sin necesidad de dejar recaditos a nadie. Aura del que carecen otros programas antiguos y actuales del estilo de "Este país necesita un repaso", "El intermedio" o "Los clones", muy pagados de sus respectivas ideologías y con formas cada vez más incendiarias.

Si es cierto que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, no lo es menos el humor bien entendido, y en "Vaya semanita" arremeten contra todos los estereotipos vascos sin complejos para, a continuación, repasar a gusto a políticos nacionalistas y españolistas, a la izquierda abertzale en sus múltiples formas e incluso a ETA. Se permiten hacer gags sobre absolutamente todo (como debe ser) pero sin darse ínfulas de superioridad moral o intelectual (como debe ser), algo que hace falta en esta España nerviosa y que sólo sabe seguir riéndose de los problemas y las miserias a pie de calle.

Supongo que "Vaya semanita" tendrá una buena audiencia, porque lleva ya unos cuantos años en antena, y como en la tele lo que importa es eso, propongo que alguna mente productiva desarrolle un programa similar englobando a la sociedad y personalidades españolas, ya que la adaptación que hizo Telecinco hace algunos años, "Agitación +iva" no funcionó porque se quedaba corta de mala leche y se limitaba a reproducir sketches facilones y chistes viejos. En un ataque de originalidad masiva, se me ocurre que el espacio se podría llamar "Menudo país", y me parece que un espacio así sería, siempre que seamos capaces de mirarnos en un espejo distorsionado, higiénico y terapéutico, y hasta más efectivo que algunas medidas gubernamentales...

Los vídeos de "Vaya semanita" son los reyes de Youtube, así que os dejo con uno de los mejores de su historia, siempre en mi molestísima opinión...

jueves, 16 de junio de 2011

Episodio 96: Diez cosas que sabemos gracias a la publicidad

Hola, vendedores:
Hace tiempo que no doy un repaso a uno de mis programas favoritos de la tele: los anuncios. Parece que las estrategias para vendernos la moto no han cambiado mucho últimamente, pero ya sabéis que a mí me gusta sacarle punta a casi todo, y a algunas cosas resulta bastante fácil sacarles punta. Here we go:
  1. "Hace falta tiempo para derretir un corazón", dice un anuncio de helados. Cierto. En cambio, para congerlarlo y dejarlo duro como una piedra sólo hace falta un (mal) momentito. Paradojas de la vida...
  2. "Mi gemela y yo solemos llevar la misma ropa...". Pues ya tenéis una edad, eh... Me sorprende la capacidad que tienen algunos creativos para provocar la suspensión de credulidad en sus clientes, especialmente cuando hay un detergente de por medio.
  3. Me autoplagio de Twitter: si el checo viene de Checoslovaquia y el chaleco, de Chalecoslovaquia, entonces, ¿los Cheetos?, ¿y los ch...? Bueno, da igual, que me lío...
  4. Resulta francamente tranquilizador comprobar como a un genio de la alta cocina, referente mundial en la materia, elegido mejor chef del mundo y etc., lo que le gusta en realidad es una birra fresquita y un par de huevos fritos. Al mundo aún le queda un resquicio de normalidad.
  5. Resulta que existe algo llamado "melena mediterránea". Y no es una enfermedad, es pelo. Paz Vega, sevillana de pies a cabeza, la tiene. Según eso, yo tendría un pelito mesetario, o algo parecido. Aunque de aquí a unos años tendré un melón de Villaconejos...
  6. ¡Atención! A Uma Thurman le apetece más beberse una tónica que el sexo. Se nota que la carrera de una estrella de Hollywood está en pleno ascenso hacia la cima porque puede elegir proyectos sin hacer nada que resulte... ridículo...
  7. El maravilloso mundo de los seguros: unos te ofrecen unas condiciones supermegachachis "sin pedir nada a cambio". Lo que en mi pueblo se llama dar duros a cuatro pesetas, vaya. Otros, en cambio, tiran de baratismo y ofrecen seguros a un euro. Eso sí, contratan a Batman para el anuncio. Cualquiera les echa luego en cara que no saben distinguir el techo de un coche del capó.
  8. "Siéntete orgulloso de tu nombre, porque es tu herencia". Sinforoso Navalpijo y Eufrasia Macarrón no están de acuerdo. Pero al menos ya han perdonado a sus padres.
  9. Las compañías apelan al buen rollito y a los sentimientos para llamar la atención del consumidor, eso ya lo sabíamos. Pero la posmodernidad y el cabreo general le han añadido elementos interesantes al proceso. El "parado de Mahou" fue víctima hace unos días de un ataque de coñas marineras en Twitter que le convirtieron en TT. Igual va a ser que no todo cuela. Afortunadamente, la marca no necesita demasiada publicidad para seguir triunfando...
  10. "Ahora tu cola puede ser más grande". No es un mensaje de mi bandeja de spam, aunque podría serlo. Es el último eslogan de Pepsi, para aludir a que ahora la lata tiene más capacidad. Eso sí, en la foto sale un chaval negro, en plan novedad, porque todos sabemos que a los publicistas no les gusta tirar de tópicos.
  11. Como me gusta dar propinas, añadiré una cosa que no sabemos: ¿el anuncio de la colonia Gucci con Chris Evans promociona más a Gucci o a Chris Evans? Porque yo tuve que investigar para saber qué anunciaba el spot en cuestión...
Bueno, ahora voy a cambiar de canal, que a los programadores se les ha vuelto a ocurrir poner una película entre los intermedios. Malditos... Eh, ¿os habéis fijado que no he mencionado cierta publicidad superjoven  que habla de pasarlo teta y del policía interior? Si es que en el fondo soy más majo... Bueno, os dejo con un anuncio con el que no podría meterme aunque lo intentase. Y eso que es de un banco...


lunes, 6 de junio de 2011

Episodio 95: Tu palabra favorita

Hola, hablantes de toda índole:

Desde hace ya unas semanas se puede votar en la página www.eldiae.es por nuestra palabra favorita de la lengua castellana a partir de las elegidas por una serie de hispanohablantes célebres, en una iniciativa del Instituto Cervantes que se lleva realizando varios años como parte de la celebración del Día del Español, el 18 de junio.

Creo que podría decir sin temor a equivocarme que a la hora de elegir una única palabra favorita, se pueden seguir dos corrientes: una, probablemente la mayoritaria, es escoger la palabra por su significado, que traiga a la mente cosas buenas, de valores imperecederos, de tiempos y lugares añorados, de sentimientos perdidos o no, de ansias y anhelos para uno mismo y para la humanidad. Así, de momento las primeras en la clasificación son "sueño" (Luis Rojas Marcos), "Querétaro" (Gael García Bernal) y "libertad" (Mario Vargas Llosa). Todos tenemos alguna palabra pegada en el corazón o en la cabeza que pronunciamos casi sin sentir, que casi ni oímos, porque leerla o escucharla no lleva inevitablemente a una imagen, a una sensación que va mucho más allá del lenguaje.

Pero el lenguaje, al fin y al cabo, es un invento humano como tantos otros, aunque para muchos sea un regalo de los dioses sacros o paganos, y con él se puede jugar, se puede crear, se puede inventar, se puede reír... y por eso también hay palabras que nos gustan sólo por cómo suenan, porque son divertidas, graciosas, musicales, porque la sola composición de sus letras es un poema en sí mismo, un trabalenguas, una explosión de sonido o una armonía pictórica de líneas rectas y curvas. "Meliflua", elegida por Shakira, "murciélago", por Boris Izaguirre, o "alborada", por Mª Dolores Pradera,  parecen de este segundo grupo, al margen de que puedan tener un trasfondo personal.

Aunque, como para casi todo, en la lista, formada por 35 palabras, podríamos hallar un tercer grupo. Un microgrupo de palabras tan contundentes y simples que son susceptibles de encerrar toda una historia en sí mismas. "Sí", escogida por Ángel Corella, o "tú", la favorita de Antonio Gamoneda, pertenecen al primer grupo si se entienden como un alarde de apertura, de generosidad, de darse al otro, de pensar en los demás antes que en uno mismo, de corresponder. Y también se pueden entender de manera mucho más, digamos, literaria: su brevedad y concisión hacen que no necesitemos mucho más que esas palabras para comprender. Tampoco faltan los prosaicos, como Don Vicente del Bosque o Alicia Alonso, que han escogido "fútbol" y "bailamos". El lenguaje, como las tarjetas de crédito, es personal e intransferible...

Completan la lista muchas palabras que ya han estado entre las preferidas de los hispanohablantes otras veces: "madre", "gracias", "amor"... Yo, particularmente, y adheriéndome al primer grupo, me quedaría con "tetas", que, por cierto, no está, de manera injusta e incomprensible... ¿y vosotros?
P.D.: si pensáis que yo soy frívolo al acabar así, pensad que Emilio Botín ha elegido "Santander"...lalala...

What's in a word, more than you imagine
What's in a word, more than I can say
Once in a while you can hear such sweet sounds
Chimes of freedom in your head
The Christians. What's in a word.

jueves, 2 de junio de 2011

Episodio 94: Conceptismo y culteranismo

Hola, poetas y rapsodas:
Cuando estaba en el insti, la asignatura de Literatura tenía siempre un extenso apartado dedicado al Siglo de Oro, y dentro de él se estudiaban infinidad de autores, estilos y obras. Uno de los capítulos hacía referencia a dos aspectos contrapuestos: conceptismo y culteranismo. Ambas pretendían renovar el lenguaje de la poesía clásica, pero de formas muy distintas: mientras el conceptismo se centraba en, sí, exacto, los conceptos, escogiendo con cuidado las palabras que se usaban para decir algo muy concreto que el lector debía discurrir, el culteranismo se basaba más en la forma, creando textos barrocos y abigarrados cuyo significado último era muchas veces imposible de adivinar sin un estudio muy detenido de la obra y su autor. Aclaro que escribo de memoria, así que lo mismo meto la pata en algo.

Como todas las tendencias vuelven tarde o temprano, últimamente estamos atravesando una etapa televisiva político-económico-social muy, pero que muy, culteranista. Las ideas se repiten una y otra vez sin que nadie parezca encontrar un atisbo de novedad, por lo que a periodistas y tertulianos se les ha ocurrido abrigarlos con todo tipo de gritos, insultos, chorradas, demagogia barata, desprecio por el prójimo y jaleo de las ocurrencias de los coleguis.

Tras originarse el fenómeno en shows del estilo del Sálvame de turno o en las refriegas radiofónicas entre forofos del Madrid y del Barça, los supuestos debates o espacios de análisis se han apuntado al bombardeo. Rendidos al sesgo, están cuidadosamente estudiados para gustar a su público, bien amparándose en que en este país hay libertad de expresión y cada uno puede soltar las barbaridades que le parezca, o bien simplemente, porque yo lo valgo.

En su "1984", Orwell hablaba de la neolengua, un lenguaje que se puede usar sin que pasen por el cerebro las palabras pronunciadas. Así, estamos en progreso de normalizar ideas y teorías como la de que "el terremoto de Lorca tiene un lado positivo: que se reactivará la construcción". Aunque "1984" es pura ficción, claro está. Y además, paradójicamente, su propósito era condenar los regímenes totalitarios que algunos de los intelectuales culteranistas de hoy en día acarician suavemente...

Por otra parte, sí, naturalmente, hay que hablar de algo, o sea, que conceptos, haberlos haylos. Pero no son lo importante. Se reducen a pasarse mutuamente patatas calientes de corrupción, de quién empezó a hacer las cosas mal, de quién engaña al pueblo, que, por supuesto, es tontico, y de los maravillosos argumentos acostumbrados: "¡tú mientes, yo no, yo soy bueno, tú malo, yo tengo razón, tú no, yo soy grande, tú pequeña y no puedes hacer nada para cambiar eso!". Un momento... .esto último es de Matilda, ¿no? En fin. Repetir hasta la náusea, confundir al espectador, decir medias verdades, desautorizar al otro, herir... No deja de parecerme indigno escudarse en la indignidad ajena para justificar la propia indignidad, pero quién soy yo para opinar. Y conste que la redundancia de uso de la palabra "indignidad" es un recurso estilístico, no es que no se me ocurra un sinónimo.

Como dijo ese gran filósofo de nuestra época, Forrest Gump, no tengo nada más que decir sobre esto. Salvo una cosa: es evidente que culteranistas, por decirlo de manera simpática, nos sobran. Ahora se buscan conceptistas. Gente que renueve las ideas y, sobre todo, cuide las formas. No olvidemos que, por muy buenas que sean las ideas (y entre tanto barullo alguna idea hay, tampoco nos engañemos), si se pierden las formas, se pierde el fondo.

Los partidarios del movimiento 15-M pueden haber iniciado una revolución al menos en lo que se refiere al lenguaje, por cuanto han fracasado en su primer intento de transformar la sociedad. Con una participación del 49% en unas elecciones, no hay quien transforme nada. Ahora sólo cabe esperar que los cimientos que se han puesto evolucionen y que a los profesionales de la (in)comunicación se les pegue algo. Aunque igual cobran demasiado, y, como todos sabemos, el dinero es impermeable...

Ah, pues tenía algo más que decir. Según mi libro de Literatura de B.U.P., el ejemplo más representativo del culteranismo era Góngora, y el de conceptismo, Quevedo. Así pues, se buscan Quevedos. ¿Voluntarios/as?
Sometimes I sit here
hearing voices in my head.
I try to understand,
to make some sense.
Phil Collins. Love police.

lunes, 23 de mayo de 2011

Episodio 93: Pensarlo bien

Hola, pensadores de Rodin:
Entre malestares personales y desengaños políticos he encontrado espacio para una de esas reflexiones personales que de vez en cuando me acuden, como casi siempre provocada por un par de hechos inconexos.

Hace unos días pudimos ver en un noticiario, y luego en Youtube, cómo un actor ofrecía por las calles de Barcelona dos entradas reales para la final de la Champions League en Wembley por sólo veinte euritos, sin que nadie "picase", hasta que una afortunada pareja tuvo la suerte de fiarse del sospechoso sujeto y se las llevó. El segundo hecho me sucedió hace cosa de una semana. Mientras esperaba en la parada del bus, una chica llegó apurada y fue dirigiéndose uno a uno a todos los que estábamos allí. No encontraba su móvil y quería pedir uno prestado para llamar a su propio número y comprobar así si lo había dejado en algún sitio o directamente se lo habían robado. Ese día y en esa parada en concreto, nadie llevaba móvil. Ni siquiera yo.

Definitivamente, la época en la que el portentoso Manuel Summers decía aquello de "To er mundo e güeno" ha pasado a la historia. Desde pequeños aprendemos que el mal puede acechar en cada rincón y no debemos aceptar caramelos de extraños, pero entre la mala prensa que los telediarios dan de la Humanidad y los bulos extendidos por la red ("si te encuentras en la calle una cartera llena de billetes, no la cojas, que podría ser una bomba de ETA"), cada día está más claro que el "Piensa mal y acertarás" se ha impuesto. Y eso a pesar de que, como la Blanche DuBois de Un tranvía llamado deseo, todos acabamos dependiendo de la amabilidad de los extraños, para unas cosas o para otras. Y tampoco parece tan descabellado. Aún hay gente que se ofrece a cargar con las pesadas bolsas de la compra, o a llevarnos en su coche cuando un diluvio nos pilla en mitad de la calle. Pero la bondad no suele tener buena reputación. Es mejor no darle unas monedas a ese mendigo, podría gastárselas en drogas.

Puestos a recurrir a refranes, más nos valdría acordarnos de aquel "Confía en Dios, pero cierra la puerta con llave". Lamentablemente, en unos tiempos tan relativizados y difusos es cada vez más complicado distinguir a los buenos de los malos. Y, de todas formas, como si tuviéramos tiempo de pararnos a pensar, con la de cosas que hay que hacer... Desconfiar es más rápido y efectivo. Si hemos acertado, no pasa nada, bien por nosotros, y si nos hemos equivocado, nunca lo sabremos, porque nuestro camino y el de ese extraño al que no hemos escuchado seguramente no volverán a encontrarse. Y si lo hacen, bastará con encogerse de hombros y fingir que no tenemos ni idea.

A pesar, en fin, de que la maldad campa, aparentemente, por sus respetos por las calles y ser, como decía Machado, "en el buen sentido de la palabra, bueno", está pasado de moda aunque sólo sea de cara a la galería (me permito aquí remitiros al episodio 14 de esta serie...), creo que sería conveniente, de vez en cuando, ya que queramos o no, tenemos que pensar bien las cosas, pensar bien de las cosas.
Hasta otra, amiguitos. Suponiendo que seáis quienes decir ser...

Hay gente valiente, gente con miedo,
gente que el mundo no le importa un bledo,
gente parada, gente sentada,
gente soñando y gente despertando.
Hay gente que nace, gente que muere,
hay gente que odia, y gente que quiere,
en este mundo hay mucha gente
pero pero pero....
No hay nadie como tú. Calle 13.

martes, 10 de mayo de 2011

Episodio 92: Movimiento parado

Hola, guepardos y caracoles:
El V concurso de relatos breves de Cercanías RENFE se resolvió hace unos días con mi correspondiente concurso y mi correspondiente derrota. El tema era el tránsito, el movimiento, según parece, y a mí me dio por hacerme el original. Como siempre, aquí os dejo los restos del naufragio. Enjoy:
 
Viaje desde el interior
Lo noto. Lo siento dentro de mí. Llevo todo el día de la cama al sofá y vuelta a la cama, pero sigo sintiéndolo. Es como si viajase sin salir del cuarto,  vagando por lugares que, aunque conocidos, obligan a avanzar. Algún destino me espera, lo sé. Cierro los ojos y sé que se mueven, aún sin tener nada que mirar. Oigo latir mi corazón, circular mi sangre. Veo moverse músculos que no conozco. Todo en mí es un tránsito continuo. He nacido para moverme, para viajar. Sin tren, sin medio alguno. Simplemente, me muevo.

viernes, 22 de abril de 2011

Episodio 91: Nos hundimos

Hola, corazones, rotos o no:
Aquí se supone que tocaría el primer episodio de la tercera temporada de vuestra serie favorita con su correspondiente recopilatorio y tal, pero... estoy de bajón. Llevo varios días dudando si hablar de esto aquí , y hasta he pensado en abrirme un blog paralelo para los días de miseria personal como el que ya tuve hace tiempo. Pero claro, luego he pensado que si me abrí este fue ni más ni menos que para contar mis mierdas al que las quiera leer, así que vomitaré aquí, si no os importa. Regalo impermeable con la compra de este episodio, no os preocupéis. Ah, no, si esto es gratis...

No puedo poneros anestesia, porque si la tuviera la usaría para mí, pero tampoco me voy a extender. Es el mismo cuento de siempre. Los fantasmas del pasado han vuelto, siguen ahí, jugando al poker con mis miedos al futuro. Y juegan mejor que yo. Ni  (me) olvido ni (me) perdono. Y aunque se supone que debería haber pasado página hace tiempo, no lo he hecho ni sé cómo hacerlo. Sí, podría esforzarme para hacerlo sabiendo que me dolería, pero no sé si tengo fuerzas y, lo que es peor, no sé si tengo ganas. El ambiente tampoco es que ayude estos días, con mi madre en pleno duelo/depresión. Y yo, descartado una vez más buscarme un psicólogo que me cobre por decirme que me esfuerce por cerrar heridas aunque me duela, no sé a quién recurrir. En mi defensa, varias de las personas en cuyos metafóricos hombros he llorado han ido y no les ha servido de mucho. Tampoco quiero dar el coñazo a gente que tiene su vida, ni deprimir a nadie, ni que me llamen mártir ni que me manden a un psicólogo. Así que, una vez más, a aguantar el tirón. Igual es que me gusta. Ya no sé qué pensar.

Lo que siento es una mezcla de mis mejores virtudes, esas que todos admiráis: frustración, miedo, rabia, tedio y la gran estrella del equipo: arrepentimiento. Por qué coño habré cometido tantos errores. No lo sé, no lo sabré nunca y tampoco puedo rebobinar el tiempo, pero, por muy absurdo que sea, me sigo arrepintiendo de cosas en las que ya no debería pensar. Sigue con tu vida, avanza, camina. Pero tampoco tengo claro hacia dónde. Entre las puertas que me cierro yo solo y las que me cierra la puta crisis, de momento parece que voy apañado.

Lo cierto es que me siento más o menos como cuando tenía 16 años y estaba en el instituto. Perdido, confuso, un tanto solo y no muy optimista sobre mi persona. Con una diferencia: cuando tenía 16 años podía permitirme el lujo de espantar a los fantasmas diciéndome que tenía tiempo de sobra para arreglar las cosas. Pero ahora me siento viejo. Siento que el tiempo se me acaba para que ocurra algo realmente bueno en mi vida. Así que un pasito patrás, María. Lo único que se me ocurre hacer en días tan tontos como hoy, grises, tan festivos que no hay dónde ir ni a quién ver, es lamentarme, y luego cabrearme conmigo mismo por lamentarme. Y eso no es lo que debería estar haciendo, lo sé, tan tonto no soy. Ojalá lo fuera. O bien, en una gratuita muestra de incoherencia personal, hasta podría acabar buscándome un psicólogo. Ninguna de las opciones me gusta. Me hacen sentirme débil. Casi tanto como liarme a llorar a destiempo.


No sé. Mañana es un nuevo día. A ver si pasa pronto lo que queda de hoy. Aunque claro, queda la noche, con su correspondiente amenaza de insomnio, que me agria el carácter (más). Algo que no necesito ni yo, ni mi madre ni el gato. Igual si tengo que empezar a tomarme en serio eso de cambiar mi vida para bien debería empezar dulcificando un tanto mi mala leche. O puedo dar muestras de utoindulgencia y echarle la culpa a la genética.

Aquí es donde viene el final ingenioso y tal, pero no se me ocurre nada, así que... ya nos veremos.
My little empire
I'm sick of being sick
My little empire
I'm tired of being tired
My little empire
I'm bored of being bored
My little empire
I'm happy being sad
Manic Street Preachers. My little empire.