sábado, 31 de octubre de 2009

Episodio 47: Ríe o muere

Pavorosas tardes,amig@s:
Poco tiempo después del 11-s, tras las miradas de perplejidad, la inundación de imágenes, los duelos y los gritos de venganza, apareció en escena un elemento imprescindible de todo suceso medianamente importante en este mundo: los chistes. Lo mismo ha sucedido con acontecimientos luctuosos de todo tipo, como el fallecimiento de ilustres celebridades, atentados terroristas y chanchullos políticos varios.

Ahora, en plena época de Halloween, el fenómeno de buscar la risa contra la desesperación, la amargura y, sobre todo, el miedo, toma una forma especialmente significativa, porque es probablemente la muerte y lo sobrenatural lo que más desesperación, amargura y, sobre todo, miedo nos provoque a los pobres mortales. Así que el que lo celebra se atavía con sus peores galas, las más siniestras y fúnebres, se ampara en la oscuridad que normalmente repele, y se va de fiesta. Y, claro está, en esa fiesta de lo macabro también se imponen las modas, predominando cada año un disfraz o máscara según lo que haya ocurrido en este mundo que tanto miedo nos da y sobre el que tan valientemente caminamos. El negocio sigue siendo el negocio, niñas y niños. Este año, al margen de gobernantes varios, apuesta segura en toda fiesta de disfraces, se homenajea a Michael Jackson, que también dio miedo a propios y extraños con su más famosa actuación (hablo de Thriller, que conste). Y la estrella en Estados Unidos, que no deja de ser lugar de origen de Halloween, es ni más ni menos que Bernard Madoff, el estafador, que ha provocado pesadillas a muchos estos últimos meses y que se ha ganado por derecho propio un lugar en la galería de los horrores.

Y así, como quien no quiere la cosa, vamos exorcizando cada quien nuestros demonios interiores, a base de enseñar los dientes en forma de mueca a aquello que no podemos comprender y no podemos controlar, lo que viene a ser más o menos el miedo. Desde los hoy muy desterrados, por el qué dirán, chistes de negros y mariquitas a las sátiras políticas de prensa y televisión; desde los ninots valencianos a las chirigotas de Cádiz, nos reímos de lo ajeno, de lo raro, lo frivolizamos, lo quemamos o le damos forma de chuche, y lo acercamos a nuestra vida aunque sólo sea unos minutos para tener la sensación de que en realidad no nos da miedo, de que nuestra existencia depende sólo de nosotros y no tenemos nada que temer en el mundo que nos rodea. Un mundo en el que ya nadie se fía de nadie, los niños ya no juegan en la calle y cada uno, incluyéndonos a nosotros mismos, es un extraño al que miramos de reojo. Mientras nos riamos, estaremos a salvo.

Así que ya sabéis: ¡disfrutad, y no miréis debajo de la cama!
First we run
and then we laugh til we cry...
The New Radicals. You get what you give.

lunes, 26 de octubre de 2009

Episodio 46: Adiós, Joserra

Hola, oyentes y escuchantes:

Descubrí el programa de radio El larguero, que hoy celebra su vigésimo cumpleaños con un especial, hace dieciséis años, atraído por la publicidad televisiva. En ella se ofrecía un programa divertido que comentaba las noticias del mundo del deporte con amenidad y frescura. Y además, contaba con la presencia de Michael Robinson, del que me hice fan primero en sus retransmisiones con TVE del Mundial de Italia y luego en el legendario El día después de Canal+ con Nacho Lewin.

Con él, descubrí a su presentador, Jose Ramón de la Morena, un tipo campechano, orgulloso de no ser madrileño de capital, de su Brunete natal y de su Aleti, y que buscaba en las entrevistas algo más profundo que el "no ha podido ser, el fútbol es así, no hay enemigo pequeño...". Me enganché rápidamente a la naturalidad de Joserra y a la mezcla de sapiencia y cachondeo mental de sus colaboradores a lo largo de los años: Robin, Santiago Segurola, Damián González, Javier Ares, Alfonso Azuara, Tomás Guasch... y, claro, los que siempre han estado ahí, Manolo Lama, Paco González, Pacojó Delgado, Manolete Esteban, Jesús Gallego y un largo etcétera. Irse a la cama era un placer. Tras aprobar Selectividad me compré su libro Los silencios de El larguero, para celebrarlo, y lo devoré dos o tres veces entre risas y emoción con sus vivencias en el Mundial de Estados Unidos o la muerte de Luis Ocaña.
Ya por entonces arremetía sin tregua contra sus archienemigos José Mª García el butano, Clemente, Villar y Padrón... Con García era particularmente inflexible, ya que comenzó con él y le hizo una buena jugada que aquí no viene al caso, pero que sin duda debió doler hasta lo indecible. García aún era líder de audiencia, creo que en la COPE, y De la Morena arremetía contra sus intentos de quitarle a los personajes principales en los primeros minutos de programa y su forma de descalificar a aquellos que no le rendían pleitesía como periodista número uno de las ondas. Además, a menudo tocaba temas sociales relacionados con el deporte y sacaba a la luz oscuras corruptelas económico-deportivas. Era una especie de superhéroe con un micrófono en vez de mallas.
Y así, con simpatía, equipo y eficacia, se acabó convirtiendo en el rey de la noche radiofónica, cosa que jamás se cansará de agradecer con palabras emocionadas a sus oyentes. Y así también empezaron los problemas. Perfecto no hay nadie, todos tenemos manías y defectos, y todos sabíamos en aquellos momentos que algunas de las frases favoritas de Joserra, como "la objetividad no existe" o "no quiero echaros un fervorín" anunciaban irremediablemente un fervorín subjetivo que te cagas. Vamos, un discurso durante el cual uno podía hacerse una paella y comérsela tranquilamente, sabiendo lo que iba a decir y por qué.
Los años han ido pasando, y El larguero jamás ha vuelto al número dos de los audímetros. Se han ido sucediendo las temporadas y los colaboradores, y parece que nada haya cambiado. Excepto el propio Joserra. Con el éxito parece haberse ido engrandeciendo y cargándose de razón, hasta el punto de que lo que él dice se convierte en ley. No tiene inconveniente en discutirles a sus entrevistados sus propias respuestas, para lo cual no le faltará razón en ocasiones, pero que queda antiestético y francamente incómodo. Ensayó una tregua con Javier Clemente durante una temporada, que cada vez que hablaban se veía que no iba a durar, porque la tensión se podía cortar con cuchillo.
Y eso es lo peor. La incomodidad que causan algunas veces sus entrevistas y/o discursos, que ya no parecen impregnados de sinceridad humana, sino de inquina contra los mismos de siempre y otros nuevos. Un candidato a las últimas elecciones del Madrid, cuyo nombre ni recuerdo ni tengo tiempo de buscar, pero ahí está, fue linchado periodísticamente el día antes de presentar su renuncia (no digo que haya relación entre ambos hechos, que quede claro). Jose Ramón de la Morena ha acabado cayendo en lo que reprochaba a García, empeñándose, por ejemplo en denominar a Soler, antiguo dueño del Valencia F.C., como el gordito del bigote; discutiendo en directo en plena Eurocopa con su compañero Alcalá porque éste se empeñaba en defender a Luis Aragonés, al que De la Morena ya no puede ni ver, pero sigue jurando que le tiene cariño (como a Abel Resino, ex-entrenador del Atleti, a pesar de sus impenitentes críticas contra él); provocando que López Caro, ex-entrenador del Madrid, se mosquease con él por su insistencia en saber si rezaba antes de dormir. Y etc, porque el juicio sumarísimo de anoche a Jesús García Pitarch, ejecutado a cuatro manos con Alfredo Relaño, director del As (otro que tal baila), dio mucha vergüenza ajena y mucha pena, y yo no escucho la radio para eso.
Una lástima. Ahora es más relajado oír el programa los fines de semana, cuando Joseba Larrañaga se hace cargo y recuerda a aquellos programas de los 90. Así que he decidido, como medida cautelar, dejar de escuchar El larguero, con todo el dolor de mi corazón. Al menos durante un tiempo, a ver si se calman las aguas. Esta noche escucharé el especial y me despediré de Joserra, pero no de los demás, ya que no pienso dejar de esclavizarme al Carrusel deportivo de los sábados, donde las noticias deportivas aún son diferentes y donde no parece haber lugar para el rencor y la mala leche. A partir de mañana, por las noches escucharé Radioestadio, aconsejado por un amigo.
Me cambio de bando. Me cruzo de acera. Adiós, Joserra.

Ah! como hemos cambiado,
qué lejos ha quedado
aquella amistad.
Ah! ¿qué nos ha pasado?
cómo hemos olvidado
aquella amistad.

Cómo hemos cambiado. Presuntos implicados.

jueves, 15 de octubre de 2009

Episodio 45: Metrópolis

Hola, habitantes:

Mi reciente y enésima visita a Madrid y el inminente estreno de la película New York, I love you me han hecho desperezar las ganas de actualizar este noticiario y recuperar la idea de hace tiempo de escribir algo sobre las ciudades grandes. O mejor, sobre las grandes ciudades. Creo que vivir en una ciudad pequeña tiene estas cosas. A veces a uno le apetece salir pero no sabe a dónde ir, porque ya se la conoce de pe a pa y porque todo el mundo va a los mismos lugares. Así que a veces uno se aburre, la verdad, y las típicas contraprestaciones que se supone ofrece un lugar recogido, a saber, está todo a mano, hay mucha tranquilidad, el trato es familiar... no son suficientes. Sí, el sitio es tranquilo, pero todo el mundo saca el coche igual que si viviese en una gran urbe, hasta para ir a pasear al perro. Y sí, el trato es familiar, te conoce todo el mundo, allá donde vas hay alguien que te conoce o que conoce a alguien que te conoce, o que conoce a toda tu familia, así que pobre de ti como te pillen en un renuncio.
La gente que vive en ciudades grandes, pongamos que hablo de Madrid, suelen ofrecer la imagen de personas agobiadas a punto de ser fagocitadas por un monstruo de un millón de cabezas y ningún corazón, y en medio del tráfico y de la soledad hacinada les sube la tensión, el colesterol, la mala leche y la factura del alquiler. Mucha gente se muda a las afueras para ir todos los días a trabajar al centro, y cada vez más gente se va directamente al campo y que les den a los edificios y a todos los que los habitan. Conozco gente que se ha deprimido al cambiar su ciudad pequeña por una grande, y conozco de sobra la imagen que desde medios literarios o cinematográficos se da muchas veces de las grandes urbes, ratoneras habitadas por pequeños seres asustados que sólo tienen su propia rutina triste y gris para sobrevivir.
Desde mi ingenua perspectiva urbanita (ingenua porque para mí ciudad es sinónimo de ocio y placer, y no de atascos y marrones varios), no acabo de entender tanta angustia provocada por el ladrillo y el neón. Siendo una persona que para sus vacaciones elige las ciudades en un momento en que el turismo rural alcanza su máximas cotas de apogeo, y que disfruta disuelto en los centros comerciales, en los cines, en los escaparates y en los restaurantes, tengo la impresión de que este es, como casi todos, un problema de costumbres. El destino ha decidido que no me haya tocado vivir en una de estas voraces megalópolis, así que al visitarlas me siento un poco como el ratón de campo que fue a visitar a su primo el ratón de ciudad. Los grandes núcleos urbanos siguen resultándome misteriosos, exóticos y, en resumen, atrayentes.
El caso de la capital del reino es particular, porque la verdad es que me encanta Madrid. Puede que influya que nunca he pasado más de una semana seguida, y que además cuando voy gozo de alojamiento con pensión completa por un precio realmente asequible, pero no deja de admirarme una ciudad tan compleja. Antigua y moderna, monumental y fría, pobre y rica o, cuando menos, burguesa, abierta en el suelo y en el cielo. Es cierto que la eterna luz y el circular de vehículos pueden hacer complicada la tarea de dormir, y que además uno tiene sus rarezas, como que le gusta montar en metro o caminar por calles transitadas. Igual que es cierto que en ningún otro sitio se pueden encontrar lugares como la Plaza de Cibeles, el Retiro o el Palacio Real. Dudo que a muchos de los que echan pestes de Madrid les gustase más vivir en una negra ciudad industrial del norte de Inglaterra o en una de las grandes capitales del mundo, que multiplican por dos, por cinco o por diez todo lo que les estresa y les irrita del Foro.
Algo tendrán las ciudades cuando millones de feligreses las bendicen. Si no, no las cantarían tantos, ni las odiarían tantos, ni harían miles de fotografías y películas por y para ellas. Para mí, algo es la oportunidad de andar acompañado de todos y de nadie, entre personas que vienen y que van pero que no son, como desde lejos puede parecer, seres inanimados que deambulan como zombis, sino historias en carne viva; y la oportunidad de encontrar en cada esquina lo mejor y lo peor, lo más bello junto a lo más sucio, lo cutre y lo distinguido, y, por tanto, de pensar, una vez más, qué somos, y por qué.
Nos vemos en cualquier ciudad.

Sometimes I feel
Like I dont have a partner
Sometimes I feel
Like my only friend
Is the city I live in
The city of angel
Lonely as I am
Together we cry

Red hot chili peppers. Under the bridge.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Episodio 44: Trece preguntas sobre una cosa

Hola, campeon@s:
Al comenzar el Eurobasket de Polonia me encontraba yo en mi período de sequía digital, por lo que no pude contaros mis sensaciones sobre el torneo, que ahora, a toro pasado, no vienen a cuento. Con la medalla de oro recién ganada no me parecía muy oportuno hablar sobre la selección, ya que me habría salido algo bastante pelotillero y forofil. Ahora, diez días después, se me ocurre plantear una serie de interrogantes al respecto para que cada uno saque sus propias conclusiones:
  1. ¿Por qué se planteó antes de empezar la idoneidad de Scariolo como seleccionador por ser extranjero, cuando: a) hay muchos seleccionadores extranjeros en todos los deportes; b) Scariolo ha pasado varios años viviendo aquí y su mujer e hijos son españoles; y c) sea como fuere, es un entrenador experimentado que conoce el juego y a muchos de los jugadores?
  2. ¿Por qué, por qué tamaña caraja en la primera fase? ¿Por lo de Vilna? No creo. ¿Exceso de confianza? No me acaba de encajar, tratándose de quien se trata. ¿Errores del entrenador? Vale, pero eso no explica por qué no entraban los tiros libres ni los triples...
  3. Caso de Pau aparte, ¿por qué tantos problemas físicos? Mumbrú, Rudy, Navarro... ¿Demasiados partidos?
  4. ¿Por qué a los británicos hubo un momento que les entraba absolutamente todo y planeó la imagen de Stephon Marbury en Atenas sobre nuestras cabezas?
  5. ¿Por qué no se ha comentado apenas que la canasta de Lorbek que forzó la prórroga contra Eslovenia venía precedida de pasos? ¿Por no buscar excusas? Una infracción no me parece una excusa.
  6. ¿De quién fue la decisión de lanzarse a hacer un mate a falta de diez segundos contra Turquía contra dos maromos de 2,11?, ¿de Llull o de Scariolo? ¿Por qué no un triple?
  7. ¿Por qué tuvo que matizar sus palabras Marc Gasol? ¿Acaso alguien pensaba que quería machacar a su compañero de selección (y de habitación)? ¿Acaso alguien piensa que no tenía razón, estando Rudy, Navarro y Pau en cancha?
  8. ¿Es lógico un cambio tan radical en los partidos decisivos? Apenas tuvieron tiempo de hacer muchos cambios en los entrenamientos o en las tácticas...
  9. ¿Por qué algunos medios (yo leí cosas en El Mundo que no me gustaron nada) estaban empeñados en que el buen rollo de la selección se había acabado y era la llave de la crisis?
  10. ¿Por qué Claver, titular en muchos partidos de preparación por la ausencia de Mumbrú, y que tan bien jugó, desapareció durante el campeonato?
  11. ¿Por qué a algunos les parece tan extraño que los aficionados temiésemos volvernos antes de tiempo, visto lo visto? ¿Desde cuándo fe ciega y deporte tienen alguna relación?
  12. ¿Por qué, una vez superado el partido de Francia, parecía taaaaaaaaaaan claro que España iba a ganar?

Y la última... Si somos los mejores, bueno, ¿y qué?

!Hasta la próxima canasta!

I've taken my bows
And my curtain calls -
You brought me fame and fortuen and everything that goes with it
I thank you all
But it's been no bed of roses
No pleasure cruise -
I consider it a challenge before the whole human race -
And I ain't gonna lose
We are the champions - my friends
And we'll keep on fighting - till the end -
We are the champions -
We are the champions
No time for losers
'Cause we are the champions - of the world
We are the champions. Queen.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Episodio 43: Esclavos de lo nuestro

Hola a todos los autómatas y cyborgs que circulan por aquí:
Se dice que nueve meses después del gran apagón de Nueva York en 1965 hubo un Baby boom, de tanta gente que al quedarse a oscuras no tuvo otra cosa mejor que hacer... Será una leyenda urbana, pero es bastante verosímil.
Recientemente he estado dos semanas, día más, día menos, a pan y agua, es decir, sin internet. O con el racionamiento de una hora diaria que te ponen en la Biblioteca pública y algún dispendio, muy moderado, en los cibers cercanos. Lo justo para mirar el correo, twittear algo y echar un vistazo a las noticias del mundo mundial. Y me he aburrido. Como una ostra, oiga. Eso dice muy poco a mi favor, por el tema de la creatividad y demás, pero las alternativas que tengo actualmenet a la red son más bien escasas. Ya que no puedo organizar mi propio Baby boom y la tele es más bien regularcilla (¡qué elegancia la mía!), queda leer, sana costumbre, y poco más, porque tampoco se puede tirar uno todo el día en la calle, que la gente tiene que trabajar y además empieza a hacer fresco. Lo de leer está bien para un rato, porque lo cierto es que uno nunca ha sido un devorador de libros. Prefiero las dosis pequeñas, relatos, tebeos, prensa, revistas y demás, que los libros largos, esos que la gente dice no poder dejar hasta que se acaba. Con deciros que ni siquiera me he leído El código Da Vinci ni La sombra del viento... Sí, soy yo, no se lo digáis a nadie.
Una de las cosas que me da por hacer cuando me aburro, cosa a la que por otra parte tengo cierta tendencia, es pensar. Y aunque en mi caso suele ser bastante contraproducente, porque atrae a los fantasmas, a veces produzco algún pensamiento claro. Obvio, pero claro. Y en este caso, la bombilla que el mono de ADSL me ha encendido ha sido lo fácilmente que nos acostumbramos los seres humanos a las cosas buenas que creamos, que son bastantes, aunque menos de las que nos creemos. En cuanto inventamos algo útil, pasamos automáticamente a depender de ello. Tan pronto como le dimos un uso práctico a la electricidad, ésta pasó a dominarnos de tal forma que lo único que se nos ocurrió ante su falta fue liarnos a f... procrear. Si el apagón llega a durar más tiempo, a los neoyorquinos no les habría quedado más remedio que dejar la actividad física, aunque sólo fuese por puro agotamiento, y comenzar a hablar entre ellos, con Dios sabe qué consecuencias. Tal vez incluso cambios sociales, volver a comunicarnos los unos con los otros como antes de que existiesen la televisión y las megalópolis... Da escalofríos sólo pensarlo.
Ahora me resulta raro pensar en cuando no tenía acceso a internet, hace apenas diez años. ¿Qué haría? ¿Es cierto que era capaz de echarme en mi cama a escuchar música sin hacer nada más al mismo tiempo? Y yendo un poco más allá: ¿qué haría la gente todo el día antes de existir la tele? ¿Y la radio? ¿Y el alumbrado? ¿De qué serían esclavos los habitantes de este planeta hace poco más de un siglo? A lo mejor, además de beber, fumar y, como no, leer, se dedicaban a lo mismo que los neoyorquinos antes de que la luz volviese... Eh, un momento, ¿y antes de la invención de la imprenta, cuando no podían (o no sabían) leer? Inquietante. Se dedicarían a pelearse entre ellos, seguramente. O a pintar monas. O a pensar, como yo cuando me aburro. Incluso puede que alguno se dedicase a hacer prosperar a la Humanidad.
En fin, afortunadamente, la luz en Nueva York volvió, igual que ha vuelto mi adorada red, que me permite aislarme en mi habitación y poder hablar con los demás a través de una pantalla en lugar de mirándoles directamente a la cara... No sé, creo que me voy a ir un rato a la calle, a dar una vuelta. Haced vosotr@s lo mismo, veréis qué divertido. A lo mejor os encontráis a alguien con quien charlar. Ah, y quien encuentre los diez sarcasmos, se lleva un router de premio.

Credit cards in place of distress
Go live your life on the Internet
That's what this is
Conspiracies and mysteries
Science-fiction make-believe
My kind's misery.
Standfast. Car crashes.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Episodio 42: El sol del norte

Hola, compañer@s:
He estado un par de semanas pensando desde qué prisma contar mi viaje veraniego por tierras cántabras, y creo que por fin he encontrado el aspecto más destacado. Siendo bastante experto, por ineficiencia social y otras coyunturas, en el proceloso arte de viajar solito, esta vez he tenido la fortuna de tener casi todo el rato una mano amiga que, además de llevarme a aquellos lugares a los que no habría podido llegar a pata, me ha ayudado a profundizar en lo que significa viajar: no solamente ver, fotografiar y degustar, sino también conocer las historias subyacentes y los entresijos de los lugares que se visitan.

La soledad, buscada o no, se convierte en una costumbre, como tantas otras cosas, y cuando se interrumpe por otras presencias, no es siempre fácil adaptarse. La compañía es agradable, pero la falta de hábito la puede convertir en fatigosa si acompañado y acompañante no saben manejarse. Afortunadamente, en este caso, eso no sucedió, y la estancia se hizo corta, que supongo que es lo mejor que se puede decir de cualquier viaje.

Pero vamos al tema: Cantabria es verde, y sus paisajes bellísimos, no descubro nada nuevo, y también es un lugar que destila tranquilidad. No es bullicioso, ni ruidoso ni está perpetuamente iluminado por los neones. Ni siquera, doy fe, la lluvia es perpetua. Durante mis días allí disfruté de un sol que me impidió participar del velo melancólico y brumoso que, dicen, tienen los lugares cercanos a la costa cuando llueve. El sol me dio la bienvenida y la lluvia únicamente me despidió de camino al aeropuerto de regreso a casa.

Lo que sí parece constante es la brisa. Supongo que en el interior, más lejos del Cantábrico, el ambiente será distinto, pero en el litoral, la brisa le da un carácter especial al sol. El sol del norte es como las buenas compañías: alumbra, pero no asfixia; calienta, pero no achicharra; no molesta al caminar, sino que incita a seguir. Y ese es un aliciente con el que uno no siempre cuenta al iniciar el camino hacia un lugar no conocido, y que, por esa misma razón, se agradece.

Y, tal y como os prometí antes de irme, os dejo aquí una foto que resume un poco la odisea por el infinito cántabro: el sol, la brisa, la soledad, la compañía, y el mar.

viernes, 28 de agosto de 2009

Episodio 41: Peor se pasa en la mina

Hola a quien corresponda:
No sé si he mencionado alguna vez a lo largo de esta serie que cada vez que tomo una decisión, la cago. Pues después de la última, que podría ser una oportunidad de cambiar mi vida y blablablabla, ya me estoy arrepintiendo. Soy una especie de rainman, llevo fatal los cambios bruscos. El lunes se cena tortitas y el caramelo tiene que estar encima de la mesa. Ahora estoy angustiado de nuevo porque todo el mundo me pregunta qué voy a hacer y yo no sé que contestarles para no quedar como un idiota. Me gustaría ser uno de esos adolescentes descerebrados que le gritan a todo el mundo que les dejen en paz y se encierran en su habitación a escuchar a Nirvana a toda castaña. Pero no me gusta Nirvana. En la televisión no dejan de decir lo mal que está todo y lo jodidos que estamos. Un momento cojonudo para pretender cambiar de vida. Y en el fondo, lo que más me disgusta es sentirme (una vez más) como una drama queen que se queja sin motivo, un idiota débil y llorica. Me siento como si hubiera hecho algo malo, como si me hubieran pillao con droga. Y francamente, no me apetece que nadie me sermonee diciéndome otra vez lo afortunado que soy por tal y por cual y lo mal que lo pasa la gente en el mundo. Eso ya lo sé. Y creedme, los problemas de los demás no solucionan los míos, ni me levantan el ánimo lo más mínimo. Me estoy repitiendo. Mejor será que lo deje por hoy. Perdón por el párrafo. No sabía por dónde cortar, ni me apetecía pensarlo.

Soy minero, y templé mi corazón con pico y barrena
soy minero, y con caña, vino y ron me quito las penas
soy barrenero porque a mi nada me espanta
y solo quiero el sonido de una taranta...
Soy minero. Antonio Molina.